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Tendre sexo con mi madre? pt4

Esas dos semanas fueron una locura total, no había día que no termináramos cogiendo en algún rincón de la casa. En el baño, en la sala, en nuestras habitaciones, y hasta en la terraza. La adrenalina de hacerlo al aire libre con el riesgo de que nos cacharan solo le añadía más sabor.


Una tarde, después de ir al super, la calentura era tanta que ni siquiera entramos a la casa. Nos quedamos en el carro, en la cochera, y ahí mismo nos pusimos a ello. Los vidrios del carro se empañaron en segundos, los asientos echados para atrás, y nosotros metiéndonos mano a lo loco.


Fue puro sexo, a todas horas, en cualquier lugar. Pero sabíamos que todo eso tenía fecha de caducidad: el regreso de su padre. Y justo el día antes de que volviera, tuvimos que cortarla, dejar de coger aunque ninguno de los dos quería.


En uno de nuestros encuentros, estábamos tirados en la cama, aún desnudos y 
recuperándonos del último round, cuando caímos en cuenta de que todo esto se iba a complicar con la llegada de su papá en dos días.


"Mi papa vuelve pronto, ¿qué vamos a hacer?" le digo, mientras le paso la mano por el brazo.


Ella suspira, mirando el techo. “Me encantaría seguir cogiendo así, pero con él aquí... va a ser un riesgo.”


“Podríamos seguir haciéndolo, pero cuando sepamos que no está,” sugiero, esperando que le parezca una buena idea.


"Podríamos usar un hotel de vez en cuando," propone ella. “No es lo ideal, pero al menos tendríamos un lugar seguro para nuestros encuentros.”


“Y mira, podríamos salir juntos, como que vamos a eventos o al cine. Así nadie sospecharía nada raro si nos ven juntos,” añado, tratando de encontrar todas las salidas posibles.


Ella me sonríe con complicidad. “Eres un pillo, pero me gusta. Solo tenemos que actuar normal, como si nada.”


"Claro, como dos actores en escena,” bromeo, intentando mantener el ambiente ligero. “Y por cierto, asegúrate de esconder bien esos videos. No queremos problemas.”


“Ni lo digas,” responde ella, con una risa nerviosa. Sabemos que los próximos días serían un juego delicado, pero ambos estábamos dispuestos a correr el riesgo.


Los siguientes dos días fueron un cambio radical. No hubo sexo; solo tensión. Estábamos nerviosos, pensando si alguno de nuestros encuentros apasionados por toda la casa había dejado algún rastro evidente de lo que habíamos hecho. Revisamos cada rincón, asegurándonos de que todo estuviera en orden, sin señales que pudieran delatarnos.


Lo bueno es que mi madre está operada, así que nunca usé condón. Eso era una preocupación menos en nuestra lista. Pero aún así, la ansiedad de que se descubriera nuestro secreto era palpable. Cada vez que sonaba el teléfono o se escuchaba un carro acercarse, saltábamos, pensando que podría ser él llegando antes.


No dejé rastro alguno de nuestros videos.

Los subí a mi drive personal y los borré del celular, porque aunque quería guardar esos recuerdos, no podía arriesgarme a que alguien los encontrara.


A pesar del miedo por la llegada de su padre, no podíamos mantener las manos quietas. 


Cada vez que nos encontrábamos solos en la casa, me entraban unas ganas locas de arrancarle la ropa y devorarla ahí mismo.



Me moría por lamerle las tetas y comerle las piernas, pero sabíamos que no podíamos arriesgarnos a más. Así que nos limitábamos a solo besarnos, tocarnos a escondidas, encendidos por el peligro y frenados solo por el miedo a ser atrapados.


Era frustrante y excitante al mismo tiempo. Cada roce se sentía como un desafío, cada 
beso robado aumentaba la tensión, sabiendo que teníamos que controlarnos por más que nuestro deseo dijera lo contrario.



Estábamos en la cocina, intentando mantener la calma, cuando ella echó un vistazo al reloj y susurró, “Tu padre llega en 10 minutos.”


De inmediato, la agarré y la subí a la barra de la cocina. Nos lanzamos a besarnos con fervor, perdidos en el momento. Mis manos se movían con urgencia: una acariciaba sus pechos mientras la otra se deslizaba entre sus piernas, que ella abrió apenas lo suficiente para darme paso.



Comencé a meter mis dedos, y ella respondió con un gemido suave, su cuerpo arqueándose hacia mi mano, ella estaba tan humeda, sabia lo que ella queria.


“Me muero por más,” jadeó entre besos, “quiero que me hagas tuya ahora mismo, una última vez antes de que llegue.”


“Esto es solo nuestro,” murmuré, mientras sentía cómo su calor y su excitación crecían bajo mis caricias. “Vamos a hacer que estos últimos minutos cuenten.”


Justo en ese instante, el sonido de un coche entrando al garaje nos hizo saltar. Nos detuvimos bruscamente, y con un último beso rápido, la ayudé a bajar de la barra. Nos separamos a regañadientes, nuestros corazones latiendo desbocados, y nos apresuramos a recomponernos, intentando recuperar el aliento y preparándonos para actuar como si nada extraordinario hubiera pasado.


Cuando mi viejo entró por la puerta con un "Hola" serio, un nudo se me formó en el estómago. No solo estaba de vuelta; también se le notaba más serio de lo usual.


"¿Qué tal te fue?" preguntó mi madre, intentando sonar ligera y despreocupada.


"Bien, solo estoy cansado y quiero descansar," contestó él, dejando sus maletas con un suspiro pesado. "Me dieron 3 días libres, así que me quedaré en casa. Vuelvo al trabajo despues."


Luego, se acercó a mi madre y la besó, un gesto que siempre había visto pero que ahora me hacía sentir extraño, incómodo. Observé el momento, sintiendo cómo mi garganta se cerraba un poco.


Intenté parecer normal, aunque por dentro estaba todo menos tranquilo. "¿Necesitas algo, papá? ¿Quieres que te haga algo de comer?"


"No, gracias, Sam. Creo que solo voy a ducharme y luego descansar," respondió, dirigiéndose hacia su habitación.


Nos quedamos en silencio por un segundo. Nos miramos, y en sus ojos vi reflejada la misma tensión que sentía yo. Sabíamos que todo debía volver a la normalidad, que nuestros días de locura habían terminado, pero el aire se sentía denso, cargado de secretos que ahora debíamos guardar más que nunca.


Esa noche, me encontraba tumbado en mi cama, el rostro tenso y una tristeza que se me colaba hasta los huesos. No podía dejar de pensar en todo lo que había pasado estas últimas semanas. Solo en mi habitación, con el teléfono en mano, me puse a mirar los videos de nuestros encuentros. Cada imagen, cada sonido, avivaba un deseo que sabía que tenía que reprimir.


Era una tortura. Ver cómo nos devorábamos con pasión en cada clip, sabiendo que todo sería diferente ahora. No podría tocarla, no como quería, no como lo habíamos hecho, al menos durante los próximos tres días mientras mi padre estaría en casa descansando. 


Tres días podían parecer poco, pero para mí, en ese momento, se sentían como una eternidad.


Sentía una mezcla de frustración y deseo incontrolable. Cada gemido en los videos, cada susurro suyo, cada grito ahogado de placer me recordaba lo que ahora tenía prohibido. 


Era como tener un festín delante y no poder comer. Sabía que tenía que mantenerme en línea, que tenía que controlarme, pero por dentro, me estaba volviendo loco.


Cerré los ojos, intentando calmar la tormenta de pensamientos y sensaciones que me asediaban. Respiré hondo, tratando de encontrar algo de paz en el silencio de mi 
habitación, pero el eco de nuestra pasión seguía resonando en mi cabeza, tan vivo y presente como si estuviera sucediendo justo allí.


Esa noche, solo en mi cuarto, no hacía más que revolcarme en la cama, frustrado y ardiendo de deseo. Saqué el celular y me puse a ver los videos de las veces que me había acostado con mi madre. Cada movimiento suyo, cada gemido, encendía algo salvaje dentro de mí. esto es una tortura, pensé, sintiendo cómo la realidad de la situación empezaba a pesarme.


¿Cómo voy a aguantar tres días sin esto?


La idea de no poder tocarla, de no sentir cómo se estremecía bajo mí, me hacía sentir casi claustrofóbico. Mi viejo estaría en casa todo el tiempo, y teníamos que actuar como si entre nosotros nunca hubiese pasado nada. Tres días... van a ser una eternidad.


Mirando los videos, escuchando cómo me rogaba, "¡Sí, así, más duro!" y cómo yo le 
respondía,


"Te gusta, ¿no? ¿Te gusta cómo te cojo?", sentía una mezcla de deseo y desesperación.


Quizás debería ir a su cuarto... solo una vez más. Pero sabía que no podía, que tenía que controlarme, mantener la cabeza fría aunque cada fibra de mi ser gritara lo contrario.


Justo cuando estaba a punto de dormirme, un ruido extraño me sacó de mi semi-tranquilidad. No era el típico sonido de la casa; algo andaba mal. Me levanté de la cama, el corazón empezando a latir más rápido. Salí al pasillo a investigar, moviéndome con cautela para no hacer ruido.


El pasillo estaba oscuro y silencioso, excepto por ese ruido sutil que no podía identificar de inmediato.
 
Concentrándome en los sonidos, me di cuenta de que eran gemidos lo que oía. Sentí un nudo en el estómago. Los gemidos sonaban raros, como si fueran fingidos, no reales. 


Cautelosamente, me acerqué más a la fuente del sonido, y para mi sorpresa, provenían de la habitación de mis padres.


El descubrimiento me golpeó con una mezcla de emociones. Sentí un ardor de celos que no esperaba; era irracional, pero potente.



¿Por qué me siento así? ¿Acaso esperaba que después de todo lo que pasó, las cosas fueran diferentes?

Las preguntas giraban en mi cabeza mientras me quedaba parado en el pasillo, incapaz de moverme por un momento.


La puerta estaba entreabierta, y los sonidos de sus risas y susurros flotaban hacia mí. Traté de apartar los sentimientos de celos y me dije a mí mismo que era normal, que ellos eran pareja y que lo que había sucedido entre mi madre y yo nunca podría haber cambiado eso de verdad.


Respiré hondo y decidí volver a mi habitación. No quería escuchar más, no quería saber más. Me sentía confundido y traicionado, incluso sabiendo que no tenía derecho a sentirme así. La noche se había vuelto mucho más larga y complicada de lo que habría imaginado.


Despues de una hora le mande un mensaje a mi madre.


Yo: Te divertiste? 😏


Madre: Celoso? 😅


Yo: Un poco... me debes una buena la próxima vez, espero el mejor sexo de mi vida por 
haberme engañado con mi padre 😤


Madre: Trato hecho pero tienes que prometerme algo 🤞


Yo: Qué?


Madre: No hagamos nada mientras tu padre está aquí, no quiero levantar sospechas 🙏


Yo: ok, lo prometo, pero espero que valga la pena la espera 😬


Madre: Valdrá la pena, te lo aseguro 💖 y recuerda, te quiero mucho


Yo: Yo también te quiero, será nuestro pequeño secreto 😈


Me quedé mirando el techo, la sangre me hervía. Mi padre y mi madre son pareja, qué puedo hacer?

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